Cuándo entré en el universo de los vestidos de novia y empecé a seleccionar las colecciones que quería ofrecer, tenía muy clara una cosa: quería huir de las marcas comerciales. Y es que por encima de cualquier nombre, sólo quería, quiero y querré trabajar con firmas con la que me sienta identificada conmigo misma. Aquellas que por encima de todo mimen la calidad de sus tejidos, de sus acabados y, sobretodo, que cada vestido haya sido cosido con mimo y delicadeza, desde el corazón.

Por entonces, ya hacía tiempo que conocía los vestidos de la firma Inmaculada García. ¡Estaba (y estoy) enamorada de sus diseños! Vestidos románticos y sensuales, pero sin estridencias. La luminosidad de sus tejidos hilados con algodón, organza y tules bordados o con pedrería y sus encajes finísimos hacen soñar a cualquier novia con un estilo bohemio.

Pero lo realmente  me robó el corazón fue cuándo conocí todo lo que hay detrás de cada vestido. Descubrí una pequeña GRAN familia de la que estoy muy orgullosa de formar parte. La sonrisa de Vicky, quién me abrió las puertas de la casa; la amabilidad de Ariadna; la alegría y energía de Sandra o la cercanía y comprensión de Inmaculada con los deseos de las novias.

Así pues, hace un par de semanas nos fuimos con alguna de mis novias Inmaculada García a visitar la fábrica de la firma y a conocer a su diseñadora. Pudimos ver in situ cómo se elaboran artesanalmente todos los vestidos, cosidos a mano con mucho mimo, uno a uno, hasta el último detalle de sus acabados.

Ariadna nos enseñó todo el proceso de fabricación de los vestidos y pudimos hablar con Inmaculada de sus diseños. Fue una bonita mañana y una experiencia genial para que mis novias disfruten ya del vestido de sus sueños antes de su gran día.

Y tú, ¿quieres ser una novia Inmaculada García?

¡Gracias Judith por estas fotografías tan bonitas!

 

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